Familias con soporte

Prueba Parcial

Nombre: Penélope Alexandra Peña González

Matricula: 21-SPSS-5-014

Carrera: Psicología Escolar

Materia: Psicología y Familia

Profesora: Lucrecia Cena

Hace no tanto tiempo, las familias numerosas eran el pilar de la sociedad occidental. Tener muchos hijos no solo se consideraba una bendición, sino también una necesidad para el funcionamiento del hogar. Pero los tiempos han cambiado, y con ellos, las estructuras familiares. Hoy en día, las familias grandes son menos comunes, aunque quienes aún las mantienen suelen compartir una característica en particular: la presencia del llamado “niño parental”. Este rol, que ha existido desde siempre, sigue siendo relevante, pero no está exento de desafíos y riesgos.

El "niño parental" es aquel hermano mayor que, por decisión directa o indirecta de los padres, asume responsabilidades de crianza y cuidado sobre sus hermanos menores. En algunos casos, esto puede ser positivo, siempre y cuando las tareas asignadas sean acordes a su edad y madurez. Ayudar en casa puede fomentar la responsabilidad, la empatía y el liderazgo. Sin embargo, cuando las exigencias superan lo que un niño debería asumir, el equilibrio familiar se ve afectado.

Este rol coloca al niño en una posición ambigua: no es completamente parte del grupo de hermanos, pero tampoco es un adulto con plena autoridad dentro del hogar. Esta dualidad puede generar sentimientos de aislamiento y una carga emocional importante. Además, cuando un niño asume demasiadas responsabilidades, corre el riesgo de perder experiencias esenciales de la infancia, como el juego, la exploración y la socialización con sus pares.

Otro aspecto preocupante es el impacto en los hermanos menores. Cuando el niño parental se convierte en la principal figura de cuidado, puede dificultar el vínculo afectivo entre ellos y sus propios padres. A largo plazo, esto podría influir en su desarrollo emocional y en la forma en que establecen relaciones en el futuro.

Desde mi perspectiva, es clave abordar estas dinámicas con sensibilidad y equilibrio. Una estrategia útil es redefinir los roles dentro de la familia, asegurándose de que el niño parental recupere su lugar como hermano y que las responsabilidades se distribuyan de manera justa. También es fundamental que los padres sean conscientes de su rol y eviten delegar en exceso.

En casos donde los padres realmente necesitan apoyo, una alternativa es involucrar a otros hermanos en tareas sencillas, siempre respetando sus capacidades y sin sobrecargarlos. En definitiva, el objetivo es lograr un balance que permita a cada miembro de la familia crecer y desarrollarse sin que nadie tenga que sacrificar su bienestar emocional.

En conclusión, aunque las familias grandes son menos comunes hoy en día, siguen siendo un modelo de convivencia válido y lleno de aprendizajes. Sin embargo, es importante prestar atención a las dinámicas familiares y asegurarse de que cada miembro, especialmente los niños, tenga un desarrollo equilibrado sin asumir cargas que no le corresponden. Un niño puede ser un apoyo dentro de su familia, pero no debería convertirse en el pilar que sostenga a los demás a costa de su propia infancia. Al final, la familia es un espacio en el que todos deberían sentirse cuidados y respaldados por igual.


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